Tres socios chilenos y una idea simple
Todo empezó con tres socios y una convicción: en Latinoamérica también se puede operar cripto en serio, sin humo y sin intermediarios fantasma.
Que en Latinoamérica también se puede operar cripto en serio, sin humo y sin intermediarios fantasma. Cuatro años después, seguimos operando con esa misma idea.
No somos una app ni una pasarela. Somos una mesa de contraparte.
Cuando un fondo, una empresa o un inversionista necesita mover cientos de miles o millones de dólares entre fiat y cripto, no lo hace en un exchange público donde su orden mueve el precio. Lo hace con nosotros, cara a cara, con una tasa fija acordada antes de ejecutar y un dealer dedicado que responde por su nombre.
Esa mezcla es nuestra ventaja: entendemos la operación institucional exigente, pero conservamos la cercanía de una firma latinoamericana que conoce el horario, la moneda y el contexto de cada cliente.
Todo empezó con tres socios y una convicción: en Latinoamérica también se puede operar cripto en serio, sin humo y sin intermediarios fantasma.
Éramos los tres socios y un primer colaborador, cruzando transferencias una a una para que cada cliente pudiera convertir sus ahorros sin que le desapareciera el dinero. El sector aún no tenía reglas claras, y por eso mismo decidimos regularnos solos: protocolo interno, comprobantes de origen, cuentas separadas.
Cuando llegó la primera crisis del sector, media docena de "mesas" vecinas cerraron de un día para otro llevándose saldos. Nuestras cuentas separadas y comprobantes de origen nos mantuvieron en pie.
Una empresa chilena necesitaba vender BTC por un monto que ningún exchange local podía absorber sin romper el mercado. Nos sentamos con ellos dos semanas, diseñamos la ejecución en tramos y liquidamos en tiempo récord. Ese cliente sigue con nosotros.
El cliente grande no busca el mejor precio posible, busca dormir tranquilo.
Abrimos la mesa institucional, sumamos stablecoins cuando el mercado aún las miraba de reojo, incorporamos dispersión de pagos para fintechs y profesionalizamos compliance con estándares internacionales.
Operamos mesas en varios corredores de la región. Seguimos siendo, en espíritu, los mismos tres socios de 2022: obsesionados con que la otra punta de la transferencia reciba exactamente lo pactado, en el minuto pactado, sin sorpresas.
En una mesa OTC, la contraparte eres tú. Si prometemos una tasa, se ejecuta esa tasa. Sin letra chica ni ajustes de último minuto.
El tamaño de una operación no es noticia. Cada relación vive bajo confidencialidad estricta, desde la cotización hasta el comprobante.
Explicamos spreads, tiempos de liquidación y exposición cambiaria antes de firmar. Un cliente informado es un cliente que vuelve.
No operamos desde un call center en otro continente. Hablamos español, entendemos la banca local y estamos disponibles en el horario de quien nos necesita.
Prevención de lavado, origen de fondos y trazabilidad no son trámites que sufrimos: son la razón por la que instituciones serias nos eligen.
La tecnología cambió. La promesa, no.